Los Delinqüentes
Cádiz entera es Garrapatera
Los Delinqüentes celebran sus bodas de plata en una noche histórica que unió a toda la provincia
Carlos López
Érase una vez, hace miles de años, existía un mundo sin polarización. No había debates de izquierdas ni derechas. No se levantaban banderas para bajar otras. Nadie era ni mejor ni peor, todos convivían como hermanos en un planeta llamado Trabubulandia.
Durante cerca de tres horas, jerezanos (y xerecistas), gaditanos (y cadistas), portuenses, sanluqueños y representantes de toda la provincia alzaron la voz como hermanos para reivindicar que no hay poder de unión más grande que la música. Más de 15.000 invitados en las bodas de plata de Los Delinqüentes demostraron que Cádiz entera es, ha sido y será siempre Garrapatera.
Hacía falta que soplara el viento de cara para volver a juntar a los sospechosos habituales. Quince años después de que tomaran caminos separados, Marcos del Ojo (‘Canijo de Jerez’) y Diego Pozo ‘Ratón’, volvieron a cruzar sus guitarras sobre un escenario. El motivo no era para menos: celebrar el vigesimoquinto aniversario de El sentimiento garrapatero que nos traen las flores, ese disco que marcó un antes y un después a comienzos de los años dos mil.
El Nuevo Mirandilla, con la brisa de la Bahía que apaciguaba El aire de la calle, se convirtió en una inmensa fiesta de patio de vecinos. Sonaron los acordes de la mítica e imperecedera Primavera trompetera y se desató la locura colectiva. Y, en el palco de honor, dos invitados disfrutando del espectáculo desde las alturas.
Las almas verdes y transgresoras de Migue Benítez y Davile sobrevolaron uno de los conciertos más grandes de la historia de la banda. Migue cantó con el Canijo, el Ratón rasgueó para Migue, y los 15.000 presentes disfrutaban del legado del poeta de los callejones.
Entre acordes, no faltaron los guiños al Carnaval, las risas compartidas y el espíritu de las chirigotas. Ese ingenio pícaro de quien sabe que la vida hay que tomársela con una sonrisa y un poquito de compás.
Sobre las tablas aparecieron las camisetas del Xerez CD y del Cádiz CF. Entre guasas y complicidad, el Canijo y el Ratón se las intercambiaron demostrando el poder de unión de la música. Porque cuando se trata de disfrutar, en el sur no se excluye a nadie. Y no podían perderse ese ‘tinglao’ Tomasito, Cervatana, Mesalla y El Jose, que se unieron a un espectacular fin fiesta.
Hasta tres generaciones diferentes levantaron la bandera del Pirata del Estrecho. Porque la banda jerezana demostró que, esa sensación especial que nos traen las flores sigue intacta en la sangre. Ya se lo dijeron al Canijo: no hay veneno que mate al sentimiento garrapatero. Y por eso nos reímos.