Los Delinqüentes
El veneno negro inunda la Plaza de España
Los Delinqüentes desatan el delirio garrapatero en Sevilla y bajan al Migue de las nubes
Icónica Fest
¿Qué son 25 años si una banda te acompañará durante toda la vida? Los Delinqüentes regresaron a Sevilla por todo lo alto para celebrar las bodas de plata de ‘El sentimiento garrapatero que nos traen las flores’. Y lo hicieron de la única manera que sabemos hacer las cosas bien por aquí: ¡Dando la nota!, ante un sold out histórico de 18.000 almas que rugieron en una Plaza de España que vivió una de las citas más señaladas del Icónica Santalucía Sevilla Fest.
La tarde ya venía calentita gracias a Cervatana, pero el preludio perfecto corrió a cargo del genio incombustible de Tomasito. Con sus inconfundibles zapatos verdes y un arte que no le cabe en el pecho, irrumpió al grito de "De Jerez a Plutón", haciendo parada obligatoria en una Sevilla entregada. Sonaron 'El Limón', 'La Cacerola' y esa maravilla que es 'Camino de Hoyo'. El jerezano hizo retumbar cada losa histórica de la plaza con un taconeo endemoniado, quitándose la camiseta al ocaso y fundiendo el 'Back in Black' de AC/DC con el aroma a salitre y vino de nuestra tierra. Un torbellino puro.
Pero el plato fuerte llegó cuando las pantallas se tiñeron con el icónico logo grafiteado de la banda. La histeria colectiva se desató. Marcos del Ojo (‘El Canijo de Jerez’) y Diego Pozo (‘El Ratón’) asaltaron las tablas con la intro de 'Contramano' y enfilaron directos hacia 'Los bichos que nacen de los claveles'. Desde el minuto uno, flotando sobre el escenario y asomando en cada rincón de las pantallas, estuvo él. Miguel Ángel Benítez, nuestro ‘Migue’. Fallecido en 2004 pero eternamente vivo en el ADN de cualquiera que se precie de ser un auténtico "garrapatero". Su imagen y su voz grabada erizaron la piel de todos; Sevilla entera miró al cielo sabiendo que el Migue estaba pegándose la fiesta padre desde las nubes.
Con 'A la luz del Lorenzo' llegó la nostalgia colectiva mezclada con el videoclip original de fondo, rematada magistralmente por El Canijo soplando su inseparable pito de carnaval mientras el público coreaba los versos del Migue. Hubo tiempo para la herencia y la crítica en 'Uno más' y para rendir honores en 'Duende Garrapata' a los grandes de las seis cuerdas, con el rostro de Jimi Hendrix proyectado en el festival, antes de que el "veneno negro" se apoderara por completo del recinto con el himno intergeneracional 'El aire de la calle'.
La noche se convirtió en una cumbre del talento andaluz con invitados de categoría. Subió Albertucho, presentado por El Canijo como "uno de los mejores letristas del país", para romperse la garganta en 'Tabanquero' bajo el clamor de un público sediento que gritaba aquello de "dame de beber". La actuación fue directa al alma, dedicada a Davile pero con un emotivo recuerdo a Migue y Rafaelillo, de quienes aseguraron que "se están pegando un fiestón en las estrellas".
La complicidad con la Plaza de España —a la que piropearon como "la plaza más bonita de Europa"— alcanzó cotas de locura comunitaria. Durante 'Nube de pegatina', el público levantó una marea de cartulinas y miró al firmamento.
El tramo final fue un derroche de puro compás y homenajes de los que hacen época. Sonaron los acordes de 'La vereda de la puerta de atrás' en un sentido tributo a Robe Iniesta, fallecido el pasado diciembre, a quien El Canijo definió con respeto como "el rey de Extremadura".
Para cerrar el delirio, El Canijo ondeó la bandera pirata en 'Pirata del Estrecho', paseó un cigarro gigante de atrezo en 'El abuelo Frederick' y se lanzó en volandas sobre un público que lo paseó en hombros como a los toreros buenos. La emoción final la puso 'Chinchetas en el aire', iluminada por miles de pantallas móviles apuntando hacia arriba, buscando a esa "estrella que más brilla".
El broche de oro fue un fin de fiesta de los que hacen historia en el sur. Tomasito (rebautizado como "el Michael Jackson español"), Kiko Veneno, Pepe Begines, Carmen Avilés, Cervatana y los mismísimos Derby Motoreta's Burrito Kachimba se unieron en un torbellino de coplas, pataítas flamencas y cantes que desembocaron en 'Trabubulandia'. Andalucismo ilustrado en vena.